Química foliar

Los componentes en las hojas del tabaco se han estudiado por años, lamentablemente se trata de información que normalmente no se comparte. Evidentemente, las estructuras químicas determinan la calidad del producto fumable, pero también intervienen en el desarrollo de la planta; visto así el tema se puede abordar de tres maneras: Información para controlar la nutrición de los cultivos agrícolas; para selección de plantas con mejores cualidades en cosechas posteriores, y como indicadores para evaluar las condiciones de la materia a combustionar. Será en éste último punto que centraremos nuestra atención a lo largo de la publicación, pero evitaremos comentar sobre las acciones que conviene considerar al preparar los blend’s. Eso amable lector, será contenido de un nuevo artículo.

Nicotiana tabacum, pertenece a la familia de las Solanáceas que está emparentada con el jitomate, la berenjena y la papa que generan productos secundarios como los alcaloides en estado sólido (la nicotina de tipo líquido es excepción) están formados de compuestos nitrogenados que pueden cuantificarse. De hecho la concentración de nicotina es muy importante tanto para aficionados a ella, como no fumadores. La síntesis de nicotina ocurre en la raíz y es conducida por la savia a través del tallo y las nervaduras que se acumulan progresivamente en las hojas a manera de sal orgánica.

Regresando a la cantidad de nitrógeno en planta, su concentración nos aporta información valiosa. En primera instancia, es un indicador de madurez durante su crecimiento, pero es perjudicial en la formación de ceniza (igual que el cloro libre) durante la incineración. Una presencia del 2 al 5% nos dará hojas sanas de buen espesor, pero no debe superar el 6% porque se harán quebradizas.

El análisis químico de ciertos elementos (K, Ca, Cl, Na, Mg, Mn, Cu, Zn, Fe) junto a otras lecturas como porciento de ceniza, pH y relación iónica entre cotransportadores (K⁺:Cl⁻), reporta información para tomar decisiones. El Potasio, mejora la estructura de la hoja y facilita la inflamabilidad contrarrestando los efectos del Cloro y del Calcio que disminuyen la combustibilidad durante la formación de ceniza. Es así como el balance de iones termina con brasas muy calientes o dificultades de encendido. Si nos referimos particularmente al Cl como ión, tendremos hojas elásticas entre el 0.5 y 2.3% y problemas de ignición en la hoja seca a partir del 1.1%

Ya habíamos comentado que el Cloro afecta la combustión; si en el tabaco supera el 3% no arderá. Consideren que la ceniza está formada principalmente por K, seguidos de Ca y Cl con un peso/masa entre el 24 y 30% siendo la blancura de la ceniza causal del Calcio. Por supuesto, se encuentran otros elementos, pero por razones prácticas se prefieren observar sus concentraciones en los óxidos (K₂O, CaO) para valorar.

Los nutrientes tienen un rol importante en la planta de tabaco, sólo una nutrición balanceada puede conducir a la obtención de una cosecha elevada de hojas de alta calidad. La planta absorbe una cantidad relativamente grande de nutrientes y esta varía dependiendo del tipo de tabaco cultivado. Particularmente el Cobre, el Manganeso y el Zinc están comprometidos en los procesos fisiológicos, pero no se ha determinado su impacto en la calidad del tabaco.

La planta del tabaco secreta terpenos y ésteres de azúcares en la superficie de sus hojas que da origen a las características conocidas por todos durante la puesta a punto para ser consumidas. Quiero agregar aquí que el Hierro participa en la coloración carmelita durante la fermentación, pero su impacto mayor lo tenemos durante la construcción de cloroplastos como fitoferritina que participa en la síntesis y acumulación de clorofila. Sin embargo, la clorofila como molécula indispensable en la fotosíntesis, tiene de protagónico al Magnesio y de éste último dependerá la compactibilidad y cierta blancura de la ceniza.

La elección de los parámetros a evaluar cambia según la ciencia va evolucionando y la disponibilidad in situ de los equipos necesarios. Es común pensar que la lectura de analitos implica forzosamente expertos laboratoristas y aunque en verdad se siguen usando viejos protocolos por su exactitud de resultados, muchas determinaciones pueden realizarse sin complicación.

Cerramos este escrito con una nota sobre el pH ya que merece un artículo completo. Sus lecturas varían dependiendo del tipo de tabaco aunque usualmente (en rama) fluctúa entre 5.0 y 6.8; cuando se incrementa durante los procesos de tratamiento, aumenta la volatilización del amoniaco desapareciendo sustancias irritantes, mientras los valores bajos abaten la fuerza del desagradable bit tongue.

Si desea complementar la información aquí expuesta, lea nuestra publicación sobre Fisicoquímica del tabaco

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